Un 90-60-90 nunca será comparable con su cuerpo de modelo.
Su cara, ovalada como balón de futbol americano, está en perfecta armonía, de facción
fuerte y mirada penetrante. Sus lunares son comparables con las estrellas del
cielo, y no, no son por la cantidad sino por cómo embellecen aquella obra de
arte. El que más me gusta es aquel lunar que se encuentra detrás de su oreja.,
¡sus orejas! Bellos conductos perfectamente alineados, no muy grandes y tampoco
muy pequeños.
No quiero llegar a sus ojos, allí me perdería. Aquellos que
me conocen saben que no soy de esas personas que se fijan en tantos detalles de
otras personas pero se me hace casi imposible dejar pasar esto sin ser escrito.
Continuando con la descripción hablaremos de su nariz, sus
cuevas se encuentran en perfecta simetría y encima de ellas una perla que les
hace juego. Sus pómulos no son muy prominentes y sus cejas son gruesas y toscas,
pero para nada desencajan con su facción. Su frente no es muy alargada ni
tampoco se pierde en su pelo, un pelo que se nota que está bien cuidado,
cortado con delicadeza y cuando lo ondea con sus manos puede enloquecer a
cualquiera. Manos fuertes y delicadas a la vez, no muy gruesas y con uñas bien
arregladas. Sus brazos son escuálidos con algunos bosquejos de músculos que son
solo visibles cuando contrae su brazo. Torso plano, espalda erecta y piernas
gruesas son solo algunas de sus características.
Sus pestañas parecen arcos que en cualquier momento podrían disparar
y enmarcan dos esmeraldas, que según el momento del día se vuelven mares, mares
profundos en los cuales quisiera navegar. Esas grandes luciérnagas me miran y
yo me derrito. Perlas preciosas que revelan el alma, un alma pura, limpia y
necesitada de amor, de alguien que la escuche. Yo quiero escuchar, quiero cada
día perderme en sus ojos, en su piel trigueña, en sus brazos escuálidos, en sus
manos delicadas, pero no puedo, ¡no sabe que existo! No sabe que le deseo y lo
peor de todo es que quizá nunca se entere de que yo estoy aquí.

